Mi peor enemigo (no crepúsculo)

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Mi peor enemigo (no crepúsculo)

Mensaje por Invitado el Mar Abr 14, 2009 6:20 pm

Fue la última decisión que oiría en los tribunales, “culpable”, sentenció el juez.
Cuando comencé a estudiar derecho la vida me forzó a toparme con Franco, mi ex esposo, que en paz descanse. Estábamos en la misma universidad estudiando carreras distintas, cuando accedí a ser su novia, él se empeñaba en verme todos los días, así fue como reprobó segundo año.
Ante su madre – una mujer estúpida con buenas intenciones para su hijo- yo era la culpable de lo que le había pasado a su “niño”. Me aburrí de ello al punto de acabar mi relación con el y empezar una con Bram, amigo de un tiempo atrás, estudiante de psicología.
Bram, de origen inglés, era atento, cariñoso, alto, rubio, un sueño. No había problemas con él, hasta que algo muy malo sucedió. La madre de Bram, en Inglaterra enfermó bruscamente y partió a aquellas tierras lejanas de las que, en cierto modo, aun lo espero.
Pasaron cuatro años, nunca me llamó por teléfono o mando un mail. No quise imaginar entonces las dimensiones que había alcanzado la enfermedad de su madre como para no recordarme. Un día después de acabar mi examen de grado, el cual fue un gran triunfo, Franco me invitó a cenar, fue realmente encantador, reavivo lo que sentí alguna vez por él.
Dos años más tarde nos casamos, sin éxito con los hijos, sin éxito en el matrimonio, sin éxito en la cama, si éxito en la moral… hasta el día de hoy me pregunto qué estaría haciendo si hubiese buscado a Bram. Secretamente veneraba su fotografía, escribía las canciones que él me dedicó alguna vez, las repasaba como invocando su presencia. Todo esto inútilmente, Franco jamás buscó trabajo y dejó que yo mantuviera la casa, bebía todo el tiempo, y otras cuantas me faltó al respeto. Pero supero el límite un día de Marzo del 98 cuando alzo su mano contra mí. Y desde entonces no se detuvo, como no tenía amigas y mi contacto social limitaba en lo profesional nadie notó moretones, cortes, golpes en mi cara, sólo yo.
Siempre fui delgada y débil, no podía defenderme, y por mí sola había entrado en aquel círculo de violencia, sólo me quedó una alternativa, el divorcio, por fin el anhelado divorcio.
Obviamente Franco reprobó la idea del divorcio, y se dispuso a darme una tunda, ese día la golpiza fue como nunca, no logre la firma del divorcio, pero tampoco conseguí nada bueno, como siempre con él. Comprendía pocas cosas bajó la ira que me llenaba por esos días, pero lo que mejor llegué a comprender era que el odio me poseía.
Odio por él, rabia y pena por mí.
Un día paseando en una avenida vi una nueva tienda, de armas, entré y busqué la apropiada para mi delgada mano. Dos semanas me costó sacar el permiso de llevarla – tenía alguna ayuda legal- pero me costaron cinco minutos darle un tiro en la cabeza a Franco, lo mejor era quedarme, alegar legítima defensa, tenía magulladuras en todo el cuerpo, en los exámenes apareció una costilla rota, una costilla y el corazón tal vez.
El juez me sentenció a quince años de prisión, pudo ser cadena perpetua, que manera de arruinar mi vida. Un día unas reclusas se me acercaron y les conté mi historia. La mayoría eran similares, nos encariñamos entre nosotras y planeamos una fuga, no era alta seguridad, pero tampoco sería fácil.
Éramos treinta contra doce guardias, para nuestra suerte ese día otra reclusa enfermó y la atención se fijó en ella. Huimos despacio, a través de una pared, trepando, logré hacerlo, y corrí, corrí como nunca antes lo había hecho, movida por una fuerza que no pertenecía a mi cuerpo, por la calle vi carteles con mi cara, que decían “Asesina, devuélveme a mi hijo”. – Maldita perra- pensé mientras corría, llegué a casa y tomé mis joyas, las cuales estaban en la caja fuerte, la fotografía de Bram, mi arma no estaba, se la habían llevado los de investigación. Pasé al banco y vacié todas mis cuentas, cuarenta y tres millones, compre una maleta, ropa y un boleto a Londres, Inglaterra.
Mi pasaporte había quedado a salvo, oculto, sin manchas de mi crimen. La policía me buscaba, pero fui más rápida, ya en el avión, no pude confortarme en el lujo de poder dormir, tampoco pude relajarme. Llegué a Inglaterra algunas horas mas tarde de la fuga. Mi inglés no era maravilloso, pero si bueno, Bram me lo había enseñado. Tomé su dirección, donde había enviado cartas, las cuales jamás se respondieron. Llegue allí cuarenta y cinco minutos después, con mis maletas en la mano y llamé a la puerta.
Nadie salió, pero la casa se veía bien cuidada, llamé de nuevo, nada.
La decepción se apoderó de mí, como encontraría a Bram entre millones de tipos altos, rubios, parecidos entre ellos…
Alguien tocó mi hombro, me voltee, y casi me muero del susto, era Bram, muy cambiado, tenía algunas canas, su rostro seguía igual, pero con más arrugas y el cabello le había crecido, lo suficiente para estar a la altura de sus hombros, vestía traje, aparentemente trabajaba.
Me hizo pasar, conocí a su madre, ella me explicó que no podía salir, estaba postrada, les conté lo que me había sucedido, Bram me exigió quedarme ahí, segura de que la policía no me viera. Pero había un problema, Bram tenía novia, y estaba a punto de casarse, ese era un problema mayúsculo. Yo había huido sólo por él.
La tercera noche que pasé en esa casa llegó la dichosa mujer con la que Bram se casaría. Era rubia, de cabello corto, se veía bastante más mayor que él. Me pareció bastante arrogante y por su forma de ser me recordó mucho a la madre de Franco.
¿Cómo estaría ella ahora? Difamándome de seguro. A las diez de la noche la mujer llamada Christine tomó su abrigo, su cartera y partió. Con más desagrado constate una sospecha cuando me acerqué a ver su despedida en la noche.

- ¿Quién es ella?- le preguntó la mujer
- Una vieja amiga de mi viaje…- respondió él.
No necesité oír más, fui a la cocina y lavé los platos. Me sentía mal. Incluso peor que en las ocasiones en que mi esposo me golpeaba, estaba siendo un estorbo allí, o al menos eso sentía. En ese momento era como su criada, me di vergüenza de mi misma. Cuando levanté la vista, afuera de la ventana, vi la noche, nieve, mi rostro pálido en la ventana con lágrimas en la cara y también vi a Bram a mi lado.

- ¿Estás bien?- inquirió
Asentí.
- Si… estoy bien… Amigo Bram…- y en un ímpetu de valor absolutamente alejado de mis parámetros subí las escaleras y arreglé mi maleta. Pero Bram apareció allí y me envolvió en sus brazos de ángel.
- Perdóname… es que no quiero herirla…- me dijo en un tono triste- Nunca he dejado de amarte… Verónica.- su voz se contrajo, pero se quebró cuando dijo mi nombre.
En el momento en que eso sucedía yo me voltee y besé sus labios. El sentimiento embriagador de la pasión se hizo presente en cada lugar de mi cuerpo, entonces caímos sobre la cama del cuarto de invitados y consumamos nuestro amor.

Un aroma delicioso me despertó, era la mezcla del perfume de Bram, un cigarrillo y café. Me dijo buenos días en su idioma y lo imité sonriente. La barba rubia, semi crecida lo hacían ver atractivo, era un momento que me hacía sentir la felicidad que hace años ya había olvidado.

- Anoche llamé a Christine… y acabé con ella…
- Estás de broma- afirmé
- No- sonrió. Le acaricié el rostro y mire sus ojos, profundos, calmados.
- Te amo
- Y yo a ti.

Pasé dos meses más ahí, me encantaba cuando Bram me hablaba con su español de acento inglés, llegaron las navidades y todo era amor en esa casa, la madre de Bram sanaba lentamente y pronto partiríamos a Estados Unidos de Norteamérica en busca de tratamiento para ella. El día veinticinco de Diciembre supe que tendría un bebé, Bram estaba maravillado. Abrimos nuestros regalos, mi nueva familia era excepcional, el veintiséis por la mañana alguien llamó a la puerta. Policías. Me refugié en mi cuarto y escuché claramente.

- La señora Christine Watson nos ha informado que aquí se encuentra Verónica Saavedra, prófuga del estado de Venezuela. Tenemos orden de llevarla…- entonces oí un golpe y la voz de Bram
- Ella no está aquí- sentí pasos acercarse a mi cuarto, me metí bajó la cama y vi los zapatos del policía, abrió el armario, miró el baño y se acercó a la cama, delante de mi había una caja negra, la abrí y encontré un arma, muy parecida a la que tenía en casa, la tomé temblorosa y cuando el policía vio bajo la cama se encontró con ella de frente.
Mi respiración era agitada, salían lágrimas de mis ojos, me veía enfrentada a mi cruel destino, vi a más policías entrar allí, tuve pánico, con miedo, salí de mi escondite apuntándolos, todos me apuntaban a mí, estaba muerta.

- Baje su arma…- ordenó uno
Yo negué con la cabeza, cerré los ojos y disparé, le di a un policía en el abdomen, uno me disparó a la pierna, caí por el dolor quemante alrededor de la bala. Pude ver a Bram tratando de alcanzarme, disparé al que me disparó y cayó, otro me disparo justo en el pecho, entonces me rodeó un abrazo, esos brazos de ángel. Los sentí por última vez…

- Te amo… ¿Recuerdas?- mi visión se nubló de a poco, sentí dos gotas tibias caer en mi pecho.
- Verónica…- su voz se quebraba mucho.- Te amo



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Re: Mi peor enemigo (no crepúsculo)

Mensaje por Diane Abadie el Mar Abr 14, 2009 6:36 pm

Me encanto! Wink

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Re: Mi peor enemigo (no crepúsculo)

Mensaje por Edward Cullen el Miér Abr 15, 2009 12:50 am

Puras tragedias hahaha -_- pero me encantan XD. No siempre las historias tienen que acabar en el "y fueron felices para siempre.." Es muy buena la historia, felicidades Chirche Very Happy

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Re: Mi peor enemigo (no crepúsculo)

Mensaje por Invitado el Jue Abr 16, 2009 7:55 pm

gracias edu
me hiciste llorar con tu cosa esa...
T_T

(nooo no eesa cosa xD)

lo que escribiste xD

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Re: Mi peor enemigo (no crepúsculo)

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